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miércoles, 30 de julio de 2008

Propuesta

http://www.independencia.net/articulos/eim_energiabarataabundante30jul08.html

sábado, 5 de julio de 2008

Los novios que se van y los amigos que se quedan

A mis amigos permanentes

Siempre me ha parecido interesante conocer a las parejas de mis amigos. No, necesariamente, para darles mi aprobación o, tal vez, un consejo, pues muchas veces, yo no soy muy receptiva a ellos, sino porque de alguna forma esas nuevas relaciones siempre terminan uniéndonos más.

Dentro de nuestro grupo apostamos con qué pareja durará más tiempo; si con éste, finalmente, se casará; o, simplemente, observamos cuán similar o diferente es a su pasada relación. Ese grupo de gente "fluyente", por decirle un nombre, pertenece a todos los grupos; trae consigo nuevas visiones de mundo; otras ideas; y, últimamente, pertenece a generaciones muy distintas de la nuestra. Analizamos cómo se tratan, cuánto esfuerzo hace por agradarnos y definitivamente, cuán feliz se ve el miembro permanente de nuestro clan. Hasta ahora, he tenido buen ojo para todos los "fluidores" que han llegado, aunque haya tenido que esperar algún tiempo para comprobarlo.

Ayer hablaba de esto con un amigo cercano. Me contaba de la nueva relación de una amiga nuestra. La relación lleva sólo unos días, pero la nueva pareja se lleva como si tuviera meses junta: besos quita aliento, agarradas, planes para irse de vacaciones y miradas enamoradas sin fin. Supongo que a nosotros, los amigos, nos queda aguantarnos el besuqueo, aunque el amigo con el que conversaba no creo que aguante mucho más. Parece que el espectáculo comienza a incomodarle y con mucha razón.

Yo, por ahora, me disfruto la etapa que mi amiga comienza a vivir. Me consta de que hace mucho no mantenía una relación; se merece disfrutar de lo que vive ahora. Claro, sin afectarnos a nosotros, sus amigos de siempre. Estoy segura de que luego de unas semanas la intensidad bajará consecuentemente y, sino, luego, en la marcha, estoy segura de que hablaremos de esto. Felicidades, amiga.

lunes, 12 de mayo de 2008

Un proyecto que apenas comienza


      Terminar un proyecto de cualquier tipo suele ser una experiencia liberadora. En ocasiones, representa el fin de una etapa o el comienzo de otra. Terminar mi maestría representó cada una de esas sensaciones. A continuación, presento lo que fue mi defensa de maestría. Espero que en el futuro se conviertan en lectores de un nuevo libro de entrevistas relacionado con este proyecto.

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lunes, 28 de abril de 2008

¿Por qué mentimos?


Hace tiempo que no escribía "porque sí", porque me diera la gana. Con el trabajo en la Editorial, una tesis que me tiene ocupada desde hace un año y la vida social, tan necesaria, apenas he tenido oportunidad para este tipo de cosas.

Creo que, desde que vino aquella nave voladora con el gato aquel, apenas me ocupo de escribir. Aunque, ahora que lo pienso, debe haber sido la tarántula de cinco pies con la que me tropecé hace unas semanas, cuya conversación me afectó las neuronas. Sinceramente, no lo sé.

¿Creen que alguien me creería excusas así? Lo ignoro, pero me divierte que la gente piense que sí. Hoy conversaba con una persona a la que le gusta mentir, pero no por necesidad, sino por placer. No digo su nombre porque ignoro si se llamará "Jack", "Verónica" o, tal vez, "Roja, que te quiero Roja". ¿Por qué lo hace? ¿Por diversión...? ¿Por ignorancia...? ¿Por frustración...?

En una ocasión, un amigo me dijo: "bueno, es que a veces no se puede decir la verdad ni la mentira. Si una mujer me pregunta si está gorda, ¿qué le voy a decir? Si le digo que sí: 'estás gorda', me asesina. Si le digo que no lo está, me dice que soy un mentiroso. Así que prefiero decirle: '¿qué clima éste? Primero, hace calor; luego, llueve".

Así que a la amiga de las historias: "¿qué clima éste, verdad?"

Muero por saber qué cuento me hará mañana.<

jueves, 24 de abril de 2008

Finalmente, lo hice

Hace poco más de un año comencé una tesis de maestría. No puedo decir que fue una época dura, porque mentiría. En mi vida he vivido momentos de mayor tensión. Esta vez me sentía tranquila, feliz; estaba haciendo lo que me gustaba y para lo que había estudiado.
Hoy, hace apenas unas horas, puse el último punto de un trabajo que me requirió tiempo, esfuerzo y mucha disciplina, exigencias que debo admitir no cumplí siempre. Tuve tiempo para salir, despejar mi mente de la rutina, de libros y hasta hubo momentos de sosiego o "retiros académicos", como los llamé.
Alrededor, siempre tuve apoyo y confianza en mi trabajo. Creo que, al final del camino, el resultado fue mejor de lo que pude haber imaginado.
Hoy, aprovecho para darles las gracias a mis amigos, como si estuviera en plena presentación del proyecto, y es que no puedo esperar hasta que llegue ese día. Realmente, sus buenos deseos fueron un gran impulso. Gracias por aguantar mis anécdotas, por leer mis entrevistas y por escuchar por horas las grabaciones de ellas.
Los veo ese día. ¡A celebrar (como siempre)!

Como ciudadana responsable

De vez en cuando pienso en aquellas cosas que pude haber hecho y no hice. Nunca tengo una respuesta concreta, pero me gusta imaginar lo que habría pasado si… no hubiese conocido a cierta gente, si hubiese elegido otra profesión… Con esto del jurado, meditaba, por ejemplo, en qué habría pasado si no hubiese estado en Puerto Rico cuando me llamaron del Tribunal: cómo hubiese cambiado la decisión del resto del jurado, si no hubiese estado allí.
Quizás sea un poco egocentrista creer que tu permanencia en un lugar cambie el resultado de ciertos procesos; aunque en este caso esté convencida de que así es. Para ser jurado, se requiere compromiso e integridad, pero también, abogados cerca. Necesitas saber un poco de las leyes, los delitos y la labor que, en menos de tres horas, te quiere enseñar un juez. Como "ciudadano responsable" —como te llaman constantemente—, quieres tomar la decisión que vaya "más allá de toda duda razonable".
Luego de la deliberación, la sensación que queda es comparable con la muerte de un familiar o el vacío que deja el fin de una relación. Conocer cómo funciona la Justicia en Puerto Rico —y seguramente, en todo el mundo— desilusiona y preocupa. Ver, por ejemplo, cómo realiza sus investigaciones un agente de homicidios te dice cuántas personas culpables están libres, y lo que es peor: cuántos inocentes están en las cárceles.
Que "si aprendes algo", que "son experiencias que te marcan"; puede ser. En mi caso, desarrollé paciencia, conocí lo que es la resignación y lo que es peor: comprobé que "la Justicia" depende de ineptitudes, popularidad y, sobre todo, de mucha suerte.
A pesar de esto, las personas que fungen como jurados son tratadas con cortesía y respeto... En algún lugar del mundo, espero. Aquí continuamente se las amenaza con ser arrestadas si no se presentan al Tribunal. Pueden recibir, por "descuido" tal vez, una merienda con hormigas, gusanos y otros insectos; comparten estacionamiento con coacusados, y no obtienen ninguna protección del Tribunal. (Sin embargo, sería injusta si no reconociera el buen trato de los jueces y los alguaciles una vez comienza el proceso).
Finalmente, meses después, reciben un "jugoso" estipendio de veintiséis dólares (en total) si pasas más de sesenta días dedicadas a la Justicia de su país. A todo lo anterior hay que sumarle la pérdida de horas y dinero que tus patronos deben pagar por tu ausencia al trabajo durante ese tiempo. Si trabajas por tu cuenta, son meses en los que no recibes ni un solo centavo. Todo un derroche de beneficios…
Pero basta de reflexionar sobre la vida y los porqués; ahora hay una preocupación mucho más importante: ¿qué haré con los veintiséis dólares? ¿Los debo donar? Creo que, como "ciudadana responsable", es hora de pensar en mi futuro…

Mi regalo de quince años

Nunca tuve un quinceañero. Le había advertido a mi mamá que no me vestiría de novia prematura como todas mis amigas y, mucho menos, realizaría el ritual tonto de los cambios de zapatillas. Mi papá disfrutó de la idea de no tener que vestirse de etiqueta, hasta que se enteró de que lo que quería era un viaje a Argentina.

Mi familia apenas ganaba lo justo para comer y pagar las deudas. Nunca recibí aquel regalo y lo entendí en aquel momento. Sin embargo, siempre tuve la ilusión de visitar la tierra del churrasco y el tango (ahora añado del vino y los guapos argentinos).

Luego de once años, por fin pude darme mi regalo de quinceañero. Ir a Buenos Aires y a la Patagonia ha sido una de las mejores experiencias de mi vida. No hay forma de describir la magnitud de las cataratas del Iguazú, el esplendor del glaciar Perito Moreno y la emoción al esquiar por las montañas de Ushuaia.

Mi regalo de cumpleaños llegó un poco tarde, pero la emoción de hoy se disfrutó el doble. Gracias a mi papá por los sacrificios y los esfuerzos. Este viaje debí darlo con él.